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sábado, 27 de enero de 2018

"El Rastro de Tu Sangre en La Nieve" y "Galán Con Billete"

"Doce Cuentos Peregrinos" de Gabriel García Márquez tiene un final de lujo ejemplar para ser analizado a la luz de "Galán Con Billete: Dos Secretos Tiene El Éxito" en el "El Rastro de Tu Sangre en La Nieve"

Billy, aun siendo «galán» y teniendo «billete», no es, ni por mucho, candidato a «galán con billete».

Sólo quienes hayan leído "Galán Con Billete: Dos Secretos Tiene El Éxito" podrán entender la razón por la cual no se incluyó a Billy Sánchez dentro de los galanes de nuestro trabajo. Y es que, a pesar de la magistral belleza de la historia de la cual es personaje principal, no fue posible considerarlo, lo que sí le correspondió a Florentino Ariza, personaje también del Gabo en "El Amor en Los Tiempos del Cólera". Paseemos por un fragmento del último cuento peregrino. Excepto donde se lee "próceres" en el original "procrees", citamos textualmente:  

"...Entonces Nena Daconte salió del automóvil envuelta con el abrigo hasta las orejas, y le preguntó al guardia en un francés perfecto dónde había una farmacia. El guardia contestó por costumbre con la boca llena de pan que eso no era asunto suyo, y menos con semejante borrasca, y cerró la ventanilla. Pero luego se fijó con atención en la muchacha que se chupaba el dedo herido envuelta en el destello de los visones naturales, y debió confundirla con una aparición mágica en aquella noche de espantos, porque al instante cambió de humor. Explicó que la ciudad más cercana era Biarritz, pero que en pleno invierno y con aquel viento de lobos tal vez no hubiera una farmacia abierta hasta Bayona, un poco más adelante.
— ¿Es algo grave? — preguntó.
— Nada — sonrió Nena Daconte, mostrándole el dedo con la sortija de diamantes en cuya yema era apenas perceptible la herida de la rosa—. Es sólo un pinchazo. Antes de Bayona volvió a nevar. No eran más de las siete, pero encontraron las calles desiertas y las casas cerradas por la furia de la borrasca, y al cabo de muchas vueltas sin encontrar una farmacia decidieron seguir adelante. Billy Sánchez se alegró con la decisión. Tenía una pasión insaciable por los automóviles raros y un papá con demasiados sentimientos de culpa y recursos de sobra para complacerlo, y nunca había conducido nada igual a aquel Bentley convertible de regalo de bodas. Era tanta su embriaguez en el volante que cuanto más andaba menos cansado se sentía. Estaba dispuesto a llegar esa noche a Burdeos, donde tenían reservada la suite nupcial del hotel Splendid, y no habría vientos contrarios ni bastante nieve en el cielo para impedirlo.
Nena Daconte, en cambio, estaba agotada, sobre todo por el último tramo de la carretera desde Madrid, que era una cornisa de cabras azotada por el granizo. Así que después de Bayona se enrolló un pañuelo en el anular apretándolo bien para detener la sangre que seguía fluyendo, y se durmió a fondo. Billy Sánchez no lo advirtió sino al borde de la medianoche, después de que acabó de nevar y el viento se paró de pronto entre los pinos y el cielo de las landas se llenó de estrellas glaciales. Había pasado frente a las luces dormidas de Burdeos, pero sólo se detuvo para llenar el tanque en una estación de la carretera, pues aún le quedaban ánimos para llegar hasta París sin tomar aliento. Era tan feliz con su juguete grande de 25.000 libras esterlinas que ni siquiera se preguntó si lo sería también la criatura radiante que dormía a su lado con la venda del anular empapada de sangre, y cuyo sueño de adolescente, por primera vez, estaba atravesado por ráfagas de incertidumbre.
Se habían casado tres días antes, a diez mil kilómetros de allí, en Cartagena de Indias, con el asombro de los padres de él y la desilusión de los de ella, y la bendición personal del arzobispo primado. Nadie, salvo ellos mismos, entendía el fundamento real ni conoció el origen de ese amor imprevisible. Había empezado tres meses antes de la boda, un domingo de mar en que la pandilla de Billy Sánchez se tomó por asalto los vestidores de mujeres de los balnearios de Marbella. Nena Daconte había cumplido apenas dieciocho años, acababa de regresar del internado de la Chátellenie, en Saint-Blaise, Suiza, hablando cuatro idiomas sin acento y con un dominio maestro del saxofón tenor, y aquel era su primer domingo de mar desde el regreso. Se había desnudado por completo para ponerse el traje de baño cuando empezó la estampida de pánico y los gritos de abordaje en las casetas vecinas, pero no entendió lo que ocurría hasta que la aldaba de su puerta saltó en astillas y vio parada frente a ella al bandolero más hermoso que se podía concebir. Lo único que llevaba puesto era un calzoncillo lineal de falsa piel de leopardo, y tenía el cuerpo apacible y elástico y el color dorado de la gente de mar. En el puño derecho, donde tenía una esclava metálica de gladiador romano, llevaba enrollada una cadena de hierro que le servía de arma mortal, y tenía colgada del cuello una medalla sin santo que palpitaba en silencio con el susto del corazón. Habían estado juntos en la escuela primaria y habían roto muchas piñatas en las fiestas de cumpleaños, pues ambos pertenecían a la estirpe provinciana que manejaba a su arbitrio el destino de la ciudad desde los tiempos de la colonia, pero habían dejado de verse tantos años que no se reconocieron a primera vista. Nena Daconte permaneció de pie, inmóvil, sin hacer nada por ocultar su desnudez intensa. Billy Sánchez cumplió entonces con su rito pueril: se bajó el calzoncillo de leopardo y le mostró su respetable animal erguido. Ella lo miró de frente y sin asombro.
— Los he visto más grandes y más firmes — dijo, dominando el terror—. De modo que piensa bien lo que vas a hacer, porque conmigo te tienes que comportar mejor que un negro.
En realidad, Nena Daconte no sólo era virgen, sino que nunca hasta entonces había visto un hombre desnudo, pero el desafío resultó eficaz. Lo único que se le ocurrió a Billy Sánchez fue tirar un puñetazo de rabia contra la pared con la cadena enrollada en la mano, y se astilló los huesos. Ella lo llevó en su coche al hospital, lo ayudó a sobrellevar la convalecencia, y al final aprendieron juntos a hacer el amor de la buena manera.
Pasaron las tardes difíciles de junio en la terraza interior de la casa donde habían muerto seis generaciones de próceres de la familia de Nena Daconte, ella tocando canciones de moda en el saxofón, y él con la mano escayolada contemplándola desde el chinchorro con un estupor sin alivio. La casa tenía numerosas ventanas de cuerpo entero que daban al estanque de podredumbre de la bahía, y era una de las más grandes y antiguas del barrio de la Manga, y sin duda la más fea. Pero la terraza de baldosas ajedrezadas donde Nena Daconte tocaba el saxofón era un remanso en el calor de las cuatro, y daba a un patio de sombras grandes con palos de mango y matas de guineo, bajo los cuales había una tumba con una losa sin nombre, anterior a la casa y a la memoria de la familia. Aun los menos entendidos en música pensaban que el sonido del saxofón era anacrónico en una casa de tanta alcurnia. «Suena como un buque», había dicho la abuela de Nena Daconte cuando lo oyó por primera vez. Su madre había tratado en vano de que lo tocara de otro modo, y no como ella lo hacía por comodidad, con la falda recogida hasta los muslos y las rodillas separadas, y con una sensualidad que no le parecía esencial para la música. «No me importa qué instrumento toques», le decía, «con tal de que lo toques con las piernas cerradas». Pero fueron esos aires de adioses de buques y ese encarnizamiento de amor los que le permitieron a Nena Daconte romper la cascara amarga de Billy Sánchez. Debajo de la triste reputación de bruto que él tenía muy bien sustentada por la confluencia de dos apellidos ilustres, ella descubrió un huérfano asustado y tierno. Llegaron a conocerse tanto mientras se le soldaban los huesos de la mano, que él mismo se asombró de la fluidez con que ocurrió el amor cuando ella lo llevó a su cama de doncella una tarde de lluvias en que se quedaron solos en la casa. Todos los días a esa hora, durante casi dos semanas, retozaron desnudos bajo la mirada atónita de los retratos de guerreros civiles y abuelas insaciables que los habían precedido en el paraíso de aquella cama histórica. Aun en las pausas del amor permanecían desnudos con las ventanas abiertas respirando la brisa de escombros de barcos de la bahía, su olor a mierda, y oyendo en el silencio del saxofón los ruidos cotidianos del patio, la nota única del sapo bajo las matas de guineo, la gota de agua en la tumba de nadie, los pasos naturales de la vida que antes no habían tenido tiempo de conocer.
Cuando los padres de Nena Daconte regresaron a la casa, ellos habían progresado tanto en el amor que ya no les alcanzaba el mundo para otra cosa, y lo hacían a cualquier hora y en cualquier parte, tratando de inventarlo otra vez cada vez que lo hacían. Al principio lo hicieron como mejor podían en los carros deportivos con que el papá de Billy Sánchez trataba de apaciguar sus propias culpas. Después, cuando los coches se les volvieron demasiado fáciles, se metían por la noche en las casetas desiertas de Marbella donde el destino los había enfrentado por primera vez, y hasta se metieron disfrazados durante el carnaval de noviembre en los cuartos de alquiler del antiguo barrio de esclavos de Getsemaní, al amparo de las mamasantas que hasta hacía pocos meses tenían que padecer a Billy Sánchez con su pandilla de cadeneros. Nena Daconte se entregó a los amores furtivos con la misma devoción frenética que antes malgastaba en el saxofón, hasta el punto de que su bandolero domesticado terminó por entender lo que ella quiso decirle cuando le dijo que tenía que comportarse como un negro. Billy Sánchez le correspondió siempre y bien y con el mismo alborozo. Ya casados, cumplieron con el deber de amarse mientras las azafatas dormían en mitad del Atlántico, encerrados a duras penas y más muertos de risa que de placer en el retrete del avión. Sólo ellos sabían entonces, veinticuatro horas después de la boda, que Nena Daconte estaba encinta desde hacía dos meses. De modo que cuando llegaron a Madrid se sentían muy lejos de ser dos amantes saciados, pero tenían bastantes reservas para comportarse como recién casados puros. Los padres de ambos lo habían previsto todo. Antes del desembarco, un funcionario de protocolo subió a la cabina de primera clase para llevarle a Nena Daconte el abrigo de visón blanco con franjas de un negro luminoso, que era el regalo de bodas de sus padres. A Billy Sánchez le llevó una chaqueta de cordero que era la novedad de aquel invierno, y las llaves sin marca de un coche de sorpresa que le esperaba en el aeropuerto.
La misión diplomática de su país lo recibió en el salón oficial. El embajador y su esposa no sólo eran amigos desde siempre de la familia de ambos, sino que él era el médico que había asistido al nacimiento de Nena Daconte, y la esperó con un ramo de rosas tan radiantes y frescas que hasta las gotas de rocío parecían artificiales. Ella los saludó a ambos con besos de burla, incómoda con su condición un poco prematura de recién casada, y luego recibió las rosas. Al cogerlas se pinchó el dedo con una espina del tallo, pero sorteó el percance con un recurso encantador.
— Lo hice adrede — dijo—, para que se fijaran en mi anillo.
En efecto, la misión diplomática en pleno admiró el esplendor del anillo, que debía costar una fortuna, no tanto por la clase de los diamantes como por su antigüedad bien conservada. Pero nadie advirtió que el dedo empezaba a sangrar. La atención de todos derivó después hacia el coche nuevo. El embajador había tenido el buen humor de llevarlo al aeropuerto y de hacerlo envolver en papel celofán con un enorme lazo dorado.
Billy Sánchez no apreció su ingenio. Estaba tan ansioso por conocer el coche que desgarró la envoltura de un tirón y se quedó sin aliento. Era el Bentley convertible de ese año con tapicería de cuero legítimo. El cielo parecía un manto de ceniza, el Guadarrama mandaba un viento cortante y helado, y no se estaba bien a la intemperie, pero Billy Sánchez no tenía todavía la noción del frío. Mantuvo a la misión diplomática en el estacionamiento sin techo, inconsciente de que se estaban congelando por cortesía, hasta que terminó de reconocer el coche en sus detalles recónditos. Luego, el embajador se sentó a su lado para guiarlo hasta la residencia oficial donde estaba previsto un almuerzo. En el trayecto le fue indicando los lugares más conocidos de la ciudad, pero él sólo parecía atento a la magia del coche..."

El final, el principio y el resto, por supuesto, lo sabrás cuando leas el cuento completo del maestro. Sólo así tendremos razones de sobra para entablar un dialogo entre nosotros y asir por ti mismo los motivos por los que Billy, aun siendo «galán» y teniendo «billete», no es, ni por mucho, candidato a «galán con billete».

jueves, 11 de enero de 2018

Para las chicas: ¿Billete mata galán?

¿Billete Mata Galán? o ¿Galán Mata Billete? 
¡Ninguna de las Dos!
 
Parece ser que el primer refrán tenía mucho peso, a juzgar por este artículo de 2001.com. Pero éso ahora es cosa del pasado. Lee el artículo y advertirás cuan equivocadas estaban las chicas; después de leer y practicar "Galán Con Billete", claro está. La foto es de un galán estudiando el libro para optar a "Galán Con Billete" llamado Alberto Silva.
Original de 2001.com 
 
En una encuesta exclusiva de Entremujeres, cuatro de cada diez eligieron la frase de Jacobo Winograd --una frase que, a su vez, cada vez más hombres repiten--. Las conclusiones no nos dejan muy bien paradas. ¿Nos hemos vuelto materialistas? ¿El amor pasó a segundo plano? Analizamos el tema con expertos y, para entretenernos, consultamos al famoso mediático, que, mal que nos pese, fue pionero en el diagnóstico.
Lo repitió mil veces, en cuanto programa de TV le acercó un micrófono. Y hasta lo convirtió en el título de su libro. “Billetera mata galán”, gritó Jacobo Winograd a los cuatro vientos una y otra vez, y en cientos de comentarios de diferentes notas del sitio apareció la misma queja en labios masculinos. Por eso, Entremujeres quiso saber cuánto de cierto tenía esa afirmación, explorando opiniones en el mundo femenino.
Y nos llevamos una --¿triste?, ¿polémica?, ¿curiosa?-- sorpresa. Nuestras lectoras fueron contundentes: cuatro de cada diez confirmaron que el dinero importa más que la belleza u otros atractivos a la hora de generar deseo o atracción.

El peso de los billetes
Casi 3.800 personas contestaron la encuesta de Entremujeres: “¿Billetera mata galán?”. Según los resultados, el 39% de las mujeres respalda la frase. “Sí. Después de cierta edad, no me gusta bancar a nadie”, confimaron.
En segundo lugar, el 30% sostuvo algo parecido, que también habla de la creciente importancia del dinero en los vínculos amorosos, al menos entre las damas. Con algún reparo frente a la frase, coincidieron: “No, pero tampoco contigo pan y cebolla”.
A su vez, el 21% prefirió complejizar el tema: “ni galán ni billetera, depende del caso”. Pero lo más llamativo fue el poco quorum que tuvo una de las opciones: sólo el 10% contestó que el nivel económico no influye en las relaciones de pareja: “el dinero no importa” lo eligió sólo una de cada diez mujeres.
Los datos, creemos, no nos dejan muy bien paradas. O hablan de cambios profundos en las prioridades y en los vínculos, que vale la pena analizar. Nuestras abuelas, seguro, se espantarían.

El regreso del mito patriarcal
La psicóloga y sexóloga Adriana Arias advierte esta tendencia y afirma que existe un cambio entre una generación anterior y la actual, en la que los mitos patriarcales vuelven a resultar simpáticos. “Las mujeres más grandes buscan un hombre que la tenga clara y que las banque. Y, si no lo encuentran, prefieren quedarse solas”, sostiene la especialista, columnista habitual de Entremujeres.
El médico psiquiatra y psicoterapeuta Walter Ghedin, por su parte, indica que es un discurso frecuente en su consultorio. “Las mujeres que ya pasaron por experiencias vinculares y son independientes fantasean que si el hombre no tiene un trabajo fijo o un bienestar económico, ellas tendrán que mantenerlo. Piensan: ‘No importa si es atractivo, si es buena persona, no estoy dispuesta a ceder mi independencia para sostener económicamente a un hombre’”.
Las que no quieren enredarse con varones complicados suelen ser mujeres mayores de 45 años que ya transitaron las supuestas y esperables transgresiones, crían a sus hijos y trabajan. Son aquellas “que están desencantadas de la vida en pareja y el retorno a la vida vincular tiene que darse en ciertas condiciones. De no ser así, prefieren quedarse solas o estar con alguien sin compromiso”, explica Ghedin.
“Las mujeres esperan que el hombre tenga, como mínimo, lo mismo que ellas”, cuentan los expertos del sitio de citas Match.com. “A diferencia de los hombres (que buscan una pareja bonita y simpática), ellas buscan un conjunto de cosas, un perfil más global. No sólo el dinero, sino que sea un señor educado, con una personalidad interesante, que pueda pagar la cena”, relata Claudio Gandelman, CEO para Latinoamérica de Match.com. “Son más exigentes”, afirma.

La opinión de Jacobo
Sin filtro, como de costumbre, Jacobo Winograd analizó la encuesta de Entremujeres. Satisfecho al ver confirmado su polémico diagnóstico, disparó: “No les importa el amor, buscan a los poderosos, dueños, productores… Me quedé corto con la frase. ¡Billetera recontra mata galán!”.
En una mezcla de exasperación y carcajadas, provocador como siempre, Jacobo les responde a las que dicen que no les importa el dinero: “Están mintiendo. Son perros bulldog, pumas, ¡mentirosas! Seguramente manejan a su marido como quieren. No buscan un Luciano Castro, un Pablo Echarri o un Gonzalo Heredia porque no lo podrían manejar. ¡Hay mil ejemplos! Buscan al tipo feo y con plata para manejarlo como quieren”, dice Winograd (sí, chicas, contéstenle, comenten: ¡no nos dejemos tratar así!).
“Ahora no sólo billetera mata galán, sino que billetera mata edad. Muchas mujeres grandes no podrían estar con pibes jóvenes si no tuvieran la plata que tienen”, dice Jacobo, qu publicó hace unos meses su nuevo libro “Algunos tienen noche y a otros se les hace tarde”.
"La mujer es viva, es inteligente", dice Jacobo: “Tiene al mayor feo que la hace poderosa y le paga sus comodidades. Ellas quieren un buen auto, cenar bien, el mejor celular, viajar a Miami o a Punta del Este. Y, además del hombre mayor, la mayoría tiene al chico lindo…”.
¿Pero, Jacobo, no hay hombres que no necesiten la billetera para ser depositarios de nuestro amor y deseo? “Sí, hay galanes –contesta, seguro, Jacobo-. En Argentina, Pablo Echarri, Gonzalo Heredia, Luciano Castro o Facundo Arana son galanes. En el mundo, David Beckham: es millonario, poderoso y, por ahora, lindo. Es joven y todas las minas están atrás de él. Por ahora. No tiene que poner billetera porque es joven pero, en unos años, si no pone billetera, no va a tocar a una mujer ni con una caña de pescar. Todo llega, nos pasa a todos”, advierte.

Jacobo abandonó la tele y se volcó a la radio. Allí, promete, volverá a tocar el tema que, aunque irritante, parece tener mucho de realidad: podés escucharlo todos los sábados de 9 a 13 horas en “Cerebros en fuga” (Radio Belgrano) o como columnista invitado del programa diario de Beto Casella, “Bien levantado” (Radio Pop)./ Entremujeres.com

miércoles, 10 de enero de 2018

Patán No es Galán

 Si Quieres Ser un Galán no Puedes Ser un Patán
  Así como "Galán Con Billete" es una lectura para nosotros obligatoria para ellas, ésta es una lectura para ellas obligatoria para nosotros: 
 Original de Buenamente.com
 "...Si sales con un patán, es probable que pases por alguna de estas 10 tristes situaciones.

No existe la pareja perfecta. De hecho, los seres humanos de manera individual distamos mucho de la perfección, de allí que sea imposible lograr que alguna cosa lo sea en su totalidad. Sin embargo, esto no quiere decir que no puedan consolidarse uniones duraderas, profundas y perdurables por muchos años, convirtiéndose en la envidia de todos alrededor.
Ahora bien, algunas mujeres pareciesen poseer un gusto exagerado en chicos patanes. No hay una razón psicológica aparente para ello; pero las estadísticas indican que cada día son más los casos de este tipo; en las cuales salen seriamente perjudicadas las chicas. En este artículo, Buenamente.com se ha encargado de recopilar las 10 más frecuentes que alguien podría sobrellevar estando en esa situación. Te provocará salir corriendo al caer en cuenta de sus numerosos efectos negativos sobre tu estabilidad emocional.

1. Te utilizará únicamente para sus propios intereses.
Es una de las vejaciones más graves que puede hacerle un hombre a una mujer. Eso te convierte en algo desechable y ¿qué chica en su sano juicio querría sentirse así? Aléjate lo más posible de él; más tarde que temprano se dará cuenta del gran error que cometió mientras tú estarás feliz junto a alguien que sí sepa apreciarte por lo valiosa que eres como persona.

2. Esta es una clásica: Pretender tener fotografías comprometedoras tuyas o de ambos.
¿Para qué alguien sensato querría algo así? No caigas en su trampa; lo más probable es que te de un sinfín de justificaciones baratas, pero detrás de eso sencillamente estarán sus más bajos deseos.
Dada la era digital que vivimos, es un arma de doble filo.
Si tú lo quieres hacer, estás en tu derecho; sólo que es importante que entiendas lo peligroso que puede llegar a ser. Con tan sólo un clic, esa imagen podría ser difundida a millones de personas en el mundo; eso es demasiado poder sobre ti para alguien que quizás tome la iniciativa de tomarlo en tu contra. ¿Estarías dispuesta a correr un riesgo tan grande?

3. Los más patanes tomarán la iniciativa de salir al mismo tiempo con tu mejor amiga.
Dado que involucra a dos de las personas más importantes de tu vida, es una de las pruebas más duras de todas. ¡No temas! Con el tiempo, las heridas sanarán. Es difícil verle el lado positivo a una acción tan ruin como ésta; sin embargo, lo tiene: aprenderás a discernir sobre qué tipo de personas te conviene tener a tu alrededor y quiénes no.

4. Verás tu confianza pisoteada.
Suena tan mal como se siente, aunque cuando lo superas, terminas con un carácter más fortalecido.
Lo más recomendable en no avocarse ciegamente a tu pareja.
Ni mucho menos revelarle todas tus informaciones privadas. Los noviazgos (e inclusive los matrimonios) no son infalibles, pudiendo terminar en cualquier momento; entonces pudiese darse el caso de que él desee difundir lo que sabe de ti y generarte incomodidad.

5. Te exigirá hacer a un lado a tus familiares y amigos.
Comienza así y terminará por alejarte de todo lo demás. Cada persona significativa para ti tiene cabida en tu corazón; por eso es absurdo pensar que debes aislarte mientras estás con él.
Analiza: Si terminas con él, ¡quedarás completamente sola!
Sin contar con que te será prácticamente imposible recuperar el tiempo perdido pues, al igual que tú lo hiciste, cada quien resuelve cómo vivir su vida como mejor le parezca y no van a esperar por nada ni nadie.

6. Pretenderá ser imprescindible en tu vida y hacerte creer que sin él no podrías hacer nada.
Alguien debe enseñarle a este tipo de chicos que absolutamente nadie es indispensable en la vida de una chica. No caigas en la trampa de amilanarte cuando te diga que te dejará. Por tus propios medios lograrás sobreponerte y estar mucho más fortalecida.

7. Escucharás de su propia boca que una de sus anteriores parejas es mejor que tú.
Es una de las formas más comunes con la cual herirá tu corazón, buscando menoscabar tu autoestima. Es importante que entiendas que esto tiene que ver más con él que contigo, debido a que sus malos comentarios son una clara muestra de sus inseguridades.
Es, al mismo tiempo, una forma de manipulación hacia ti.
Esta situación debe llevarte a entender que sólo tú puedes permitir que los demás, incluyendo el hombre que está a tu lado, te haga daño. Y será así mientras realmente tomes las riendas de tu vida. ¡No lo dejes! Ni a él ni a nadie.

8. Te considerará de poco valor en su vida.
¡Qué descarado! Aunque tristemente son muchos los hombres que caen en esto. Se caracterizan por no darte tu lugar, anteponiendo cualquier otra cosa antes que tú, tus gustos, intereses, necesidades y hasta tus sentimientos. Quiérete lo suficiente para no quedarte demasiado tiempo al lado de un chico así de miserable. Recuerda que tienes muchas cosas positivas para ofrecerle, tanto al mundo como a las demás personas.

9. Vivirás una infidelidad en cualquiera de sus formas.
Si bien es cierto, la mayoría asocia la infidelidad con la intimidad junto a otra persona. Sin embargo, cualquier tipo de engaño bien sea de palabra o pensamiento califica como tal, pues
Esto te hará sentir tan decepcionada que darás por cierto que el amor verdadero no se hizo para ti.
O peor aún, ¡que no existe en lo absoluto! A pesar de todo lo negativo de este hecho, esta experiencia te ayudará a comprender que eres una persona con una gran cantidad de virtudes y cosas positivas, que te hacen valiosa e importante, lo suficiente para no darle cabida en tu vida a un chico que no te respete, aumentando tu autoestima y procurando establecer relaciones futuras más saludables en el plano emocional. ¡No hay mal que por bien no venga!

10. Te cuestionará hasta el punto de intentar que cambies tu forma de ser.
Nadie es perfecto pero, precisamente el amor se basa en la tolerancia, el respeto y acompañamiento mutuo de forma voluntaria. Se supone que está junto a ti porque algo le gustó cuando te conoció; ¿por qué entonces cambiarte luego de estar a tu lado? Sólo manteniéndote bien plantada sobre lo que eres y cuáles son tus principios, valores y creencias podrás hacerle frente a alguien tan hiriente y demandante como él. ¡No te dejes! Aprende a ser tú misma porque así es como realmente serás feliz.



¿Has pasado por alguna de estas situaciones antes? COMENTA y COMPARTE esta intensa nota con todos tus amigos a ver si les ha tocado ser víctimas o victimarios en este tema..."



@galanconbillete

martes, 9 de enero de 2018

Lo Que Necesitamos de Ellas

 ¡Lo Que Necesitamos de Ellas, Aunque No Lo Digamos!
  Así como "Galán Con Billete" es una lectura para nosotros obligatoria para ellas, ésta es una lectura para ellas obligatoria para nosotros: 
 Original de:  Mujerdaily.com
 "...Lo Que Los Hombres Necesitan de Las Mujeres, Aunque No Lo Digan


Para que no digan que solo las mujeres jugamos a hacernos las enigmáticas y las difíciles de comprender, veamos esta lista de 11 cosas que los hombres quieren tener de las mujeres, pero que seguramente no pedirán a boca abierta. ¡Ay, hombres!

1. Reconocimiento
A los hombres se les ha puesto sobre los hombros una cantidad de tareas que nadie reconoce porque se asume que son su responsabilidad, pero ser buen novio, amigo, amante, padre, tío, hermano, etc. es algo digno de mención y apreciación. ¡Hay que hacerles saber lo buenos que son!

2. Deseo
El deseo es de las cosas que tiene que alimentarse constantemente en las parejas y para ello hay que ser evidentes. Muéstrale que te sientes atraída por él, que te seduce su físico y su interior y que te despierta todo por dentro. ¡Se lo merece!

3. Admiración
Ninguna pareja que no sienta orgullo y admiración por su compañero llegará lejos como equipo. Estar orgullosos de quien tenemos al lado permite que saquemos la mejor versión de nosotros mismos para llevar la relación lo mejor posible. Necesario.

4. Aliento
A los hombres les llena el alma saber que su mujer cree en ellos y los alienta en sus proyectos de vida. Después de todo, la pareja es un equipo, y mostrar apoyo el uno al otro es más que necesario.

5. Estética
Que no se mal entienda, no es necesario que seas alguien completamente diferente, pero que él sienta que te gusta ser tu mejor versión para él lo anima impensablemente. Un poco de maquillaje de vez en cuando tampoco hace daño, pues.

6. Respeto
Que no es algo que debiera estar esperando como novedad, claramente, pero que le muestres que tomas en cuenta sus opiniones, que le das sus espacios, que le das mérito como ser, es más que importante.

7. Independencia
Es necesario dejarlos cultivar sus espacios (y nosotras cultivar los nuestros). No es saludable dejar de lado la parte individual cuando se está en pareja, y eso los hombres lo entienden a la perfección. Su independencia es más que preciada, y agradecen infinitamente una mujer que así lo entienda.

8. Buen tono de diálogo
Que también va para todo el mundo. Hablarse en buen tono permite que los conflictos sucedan poco y que el ambiente tenga sensación de calma. Un buen tono de voz inspira amor, y qué más puede quererse en una relación.

9. Apoyo
Que él sienta que estarás a su lado cuando esté levantándose de un error muy fuerte. Las personas se necesitan la una a la otra sobre todo en los malos momentos, y mostrar apoyo siempre es fundamental para que la relación crezca.

10. Agradecimiento
Porque ellos no son un cajero automático ni un robot con buenos modales. Cada cosa que hacen bien por nosotras la hacen con gusto y esfuerzo, y ser agradecidas ayuda a llenar de amor esos momentos. Decir “gracias” no toma mucho esfuerzo.

11. Compañía
De ese tipo de compañía masculina que a ratos no se entiende, como “quiero que me acompañes a ver el partido del deporte que tanto odias” o “quisiera que estuvieras conmigo en una tarde con mis amigos”, pero es cierto, les gusta sentir que su chica está ahí, compartiendo sus espacios y haciéndose parte de ellos.

Y sobre todo, Realismo
Que la mujer sea sincera: Que le guste comer, que confíe en ella misma, que sepa manejar y que sea realista..."